Elena Tato

Nací un mediodía de agosto bajo el azul intenso del cielo leonés. Crecí junto a mi madre, mi padre y mi hermana melliza a quienes honro y reconozco como grandes maestros de vida.


Desde siempre he sentido un profundo amor por la naturaleza y por todos los seres que la habitamos y es este amor el que ha ido guiando mis pasos y trazando mis camino hasta dibujar este proyecto.

Llegar hasta aquí ha sido un largo y laborioso proceso de quitarme muchas capas y des-aprender estructuras y mandatos tanto sociales, como familiares y propios. A través de mis experiencias, de mis estudios, mis trabajos, mis vínculos afectivos y amorosos me fui encontrando y des-encontrando una y otra vez con las mismas historias co-creando dinámicas relacionales y de vida insanas que sólo me llevaban a la frustración y a enfermarme cada vez más. Entonces crucé mi camino con diferentes personas y herramientas de sanación comenzando un proceso de transformación interior a través de identificar los patrones y creencias que estaban convirtiendo mi vida en un disco rayado.


Con el proceso de enfermedad y muerte de mi madre llegó el gran punto de inflexión para mí.
Acompañar de cerca esta experiencia tan dolorosa sacudió mi ser profundamente catalizando el proceso que venía haciendo, sumergiéndome hasta lo más profundo de mis raíces desde donde pude luego rebrotar para abrir mi corazón.
Hoy sé que mi caminar está impregnado de todas mis vivencias, que las alegrías y las lágrimas entregadas al viento han sido ambas igual de necesarias para poder abrazar hoy la vida y la muerte y la certeza de que su sabiduría infinita siempre me traerán aquéllo que necesito para evolucionar.

LO QUE APRENDÍ

  • Antes de aprender nada empecé des-aprendiendo mucho. Lo primero fue soltar la rigidez de mi propia mente occidental que sólo me permitía validar lo que entrase en un marco que quedaba demasiado estrecho para un corazón tan vivaracho como el mío. Me abrí al misterio y a la magia de recordar que todo lo existente está hermosamente interconectado.
  • Recordé que el tiempo es circular y que a cada vuelta tengo una nueva oportunidad de cambiar de piel y renacer.
  • Aprendí a armonizar mis ritmos con los ritmos de la Pachamama y a aprovechar toda esta energía a mi favor.
  • El amarme a mi misma vino gracias a mis relaciones pues en ellas pude ver reflejadas en el espejo mis peores sombras. Renuncié a la lucha, al victimismo y a las relaciones de co- dependencia y me dediqué a re-conocerme a mí misma rescatando también lo que había olvidado de mí.
  • Hoy me abrazo plenamente y me hago responsable de mí vida y de mis emociones.
  • De la muerte, gran maestra, aprendí el inmenso poder del amor, la humildad de aceptarme humana, aprendí a perdonarme y a perdonar y a darme permiso para sentir dolor y liberarlo descubriendo así el inmenso poder sanador del agua.
  • Todos estos aprendizajes los he podido hacer gracias a las dos fuerzas que me conforman, llamémoslas yin-yang, chacha-warmi, masculino-femenino…durante muchos años no las comprendía y sólo peleaba con y contra ellas. Hoy las reconozco, las amo y trabajo para integrarlas y honrarlas pues sé que el equilibrio de ambas fuerzas es lo que apaga mis guerras internas.
  • El camino que quiero seguir es el que lleva al corazón pues gracias a lo vivido hoy sé que es
    ahí donde reside la LUZidez de la compasión.