Rocio sandoval

Biografía_Rocío Sandoval  

Me concibieron en primavera, una semana santa en Santander. Y fué en la tercera madrugada del año  cuando nací, una noche fría y tormentosa en la que se fué la luz en la ciudad, para que en la mayor  oscuridad naciera una luz. 

Fuí la primogénita hija y primera nieta por parte de mis abuelos paternos, por parte de los maternos  la tercera, la primera por parte de hija. Y en estas condiciones fuí muy bien recibida por abuela/os,  tía/os, y demás familia. 

Me sentí bien querida, hasta que nació mi hermano David cuatro años y medio después, y entonces  ya no era la preferida, cuando nació mi hermano pronto tuve que hacerme adulta y cuidar de él. Me  sentí niña paternalizada, y a veces parentalizada por mi madre, en realidad yo no sabía lo que era eso,  y lo vivía bien, porque me sentía muy ligada a mi madre, y esto me hacía sentir muy importante y  querida. Todo esto cambió cuando yo tenía 17 años le confesé a mi madre que me gustaban las chicas,  entonces mi madre cambió de inmediato, yo me sentí abandonada, y esta herida la veía por todas  partes, es como si me hubiera quedado pegada a eso, y ya no sólo lo veía en mi madre, la veía con mi  mejor amiga, y me sentía profundamente sola. Tanto que decidí irme a vivir a Madrid, era una idea  que me había rondado siempre la cabeza, ya sabía que cuando cumpliera 18 años me iba a ir de casa,  porque además mi padre se había encargado de decirme hasta la saciedad que cuando cumpliera la  mayoría de edad haría lo que yo quisiera, y yo toda la vida soñé con tener 18 años. Desde que era  muy pequeña me sentía mejor con los adultos que con lo/as chica/os de mi edad. 

Asíque me fuí a vivir a Madrid pero mi herida de abandono seguía ahí, la soledad era tan grande que  a mí me costaba ser consciente, ponerle palabras. Aunque yo siempre me había considerado muy  independiente, y mi madre era un poco pesada a veces. Pero yo la echaba de menos más de lo que yo  misma era consciente. Y en ese tiempo me doy cuenta que me dediqué a buscar una sustituta de mi  madre, sin saber que esa herida de abandono seguía abierta, y que no podía ver más allá de ella, y al  final, me dediqué a coleccionar la misma herida o parecida con personas distintas, hasta que cuando  esto ya empezaba a ser demasiado repetitivo, y un poco por casualidad leí un libro de Jorge Bucay y  Silvia Salinas_Amarse con los ojos abiertos, y este libro me cambió la percepción, me hizo darme  cuenta de que lo que veía fuera es lo que pasaba dentro, y que por más que fuera “mendigando” amor  y cuando más lo mendigaba, menos lo iba a tener. Fué bastante doloroso todos estos años, después  empecé a hacer terapia y así empecé a deshojar la margarita desde otro lugar, Y apareció la que ahora  es mi pareja desde hace 14 años, no sin idas y venidas, con terapia de pareja entremedias, con batallas  campales que duraron años entre la gestalt, la terapia feminista (el trabajo con el depredador),la  bioenergética, la sistémica,… y yo me veía en todos los espejos y lo ponía fuera, han sido años hasta  que he podido ver y reconocer mi responsabilidad, en vez de quedarme enganchada y dependiente de  lo que hacía la otra parte, con todo el dolor y a la vez la negación de mi vulnerabilidad, como  contraparte a este ‘tutum revolutum’ exigiendome mucho, y a la vez en ese tumulto sin ser consciente  de lo agresiva que podía llegar a ser conmigo y con el otro, y sin entender nada de lo que pasaba, con  las buenas intenciones que yo tenía. 

En fin, mucho lio en la cabeza, éste ha sido mi laberinto durante muchos años, traducido en ni contigo  ni sin tí tienen mis penas remedio. 

Benalmádena10/02/2021

En este último año, este bendito 2020, que ha sido de poner mucha conciencia gracias al recogimiento,  he podido traer claridad a cómo me relacionaba yo históricamente, y entender porqué queria cariños  pero había distanciamiento, pensaba que primero tenía que cuidar del otro cuando era a mí misma a  quién me estaba abandonando siempre, y como no me daba yo ese cariño, tampoco lo podía recibir  de fuera. No podía reconocerlo aunque lo tuviera porque yo no había aprendido a mirarme, a mimarme,  

a cuidarme, a valorarme. Cuando un cambió mágico, cuando empecé a darmelo yo, todo empezó a  cambiar fuera, ya me sentía llena, plena, satisfecha, pude reconocer todo lo que mi pareja hace por la  relación. Y desde aquí la vida se está haciendo más nutritiva, más gustosa.