Veronica rodriguez

Mi Historia

Callar, reprimir, tolerar, justificar y tratar de ignorar lo desagradable fueron la constante en mis actitudes a lo largo de mi vida. Siempre con miedo, miedo a subir a bajar, a saltar, a tener, a cantar y a reír, hasta de estornudar fuerte, todo por temor a molestar y provocar el enojo a los demás a costa de mis propios deseos y sentires. Siempre con el caminar suave y hablar bajito para tratar de pasar desapercibida como si me diera vergüenza existir.

Ahora a la distancia reconozco que toda ese miedo a la vida, ese tremendo desamor y desvalorización hacia mí misma se gestaron cuando era una niña de 3-4 años al ser testigo del cotidiano maltrato verbal y la violencia física por parte de mi padre hacia mi mami.

Crecí siendo la niña amable, aplicada, limpia y ordenada, la niña buena que nunca daba problemas y que por eso todos querían. Creo que fue mi mecanismo de defensa y protección ante la vida misma para que nadie me lastimara.

Aún así con lo bien portada que era, fui blanco del bulling en la escuela, con burlas y uno que otro jalón de trenzas por parte de esas niñas abusivas que nunca faltan. 

Mi callado comportamiento no sólo no evitió, sino hasta creo que fue eso lo que provocó los acercamientos abusivos con tocamientos sexuales por parte de una joven mayor, un tío, y un hombre de los que nunca hablé y hasta traté de borrar de mi memoria.

Aún así me reconozco con una niñez feliz , crecer con mis queridas y divertidas hermanas y mis padres súper archisobreprotectores tratando de darnos lo mejor. 

Siento cada día admiración y amor profundo por mi familia.

La sobreprotección recibida por mis padres, entiendo que fue su gran amor a sus hijas envuelto en miedo, provocó mi dificultad continua a tomar decisiones, a formular opiniones sobre cualquier tema, ellos, mi madre particularmente decidía todo por mí, ropa, colores, comidas, profesión, pensamientos, etc etc. era un círculo vicioso Ella tomaba las decisiones porque se desesperaba ante mi falta de iniciativa y yo no las expresaba por mi incapacidad de definir gustos y deseos porque siempre decidían por mí.

Mucho ha sido mi ir y venir a lo largo de mis 59 años, formaciones profesionales, empleos, maternidad, matrimonio, mudanzas dentro y fuera de mi país. 

En este andar después de tantas turbulencias internas he podido reconocer algunas lecciones como el para qué estar lejos de mis grandes afectos, y ha sido para descubrirme valiente, para desplegar  la iniciativa, la fortaleza y la seguridad que siempre me han habitado aún sin que yo misma lo supiera. Las lecciones de transitar una enfermedad que me mantuvo tan a la deriva física, mental y emocionalmente fue para aprender de tolerancia, paciencia, humildad, generosidad, gratitud.

Me llevó a reconocer que llegó la hora de ser mi prioridad, llegó el tiempo de escucharme, 

de decirme, de reconocerme, de expresarme, de respetarme, de cantarme, de amarme,

sí de AMARME con mayúscula.

Porque al ponerlo en practica conmigo misma es al mismo tiempo un acto de amor hacia todos mis seres queridos y es mi mayor contribución a esta Común y Humana Unidad en la que mi Alma tiene el privilegio de existir por ahora.

Aprendí que no es el qué sino el cómo transitas las circunstancias y situaciones de la vida.

Con Amor

Verónica.