Warmi Pachakuti: ¿Por qué este tiempo nos desafía a mirar nuestras sombras? (y cómo hacerlo con amor)

En 2020, hicimos el primer encuentro on-line sobre los Desafíos del Warmi Pachakuti.
Hoy, vuelvo atrás, escuchando con el corazón este momento sembrado por mujeres hermosas Awicha Awilulu, Mamita Munay Paqari, Amaya y Warawara,  que han dejado en su palabra semillas para que podamos sanar.

«El Warmi Pachakuti es un tiempo femenino de cambio, donde las mujeres somos llamadas a ser luz en la oscuridad» (Warawara).

¿Por qué tanta oscuridad si entramos en el Hanaj Pacha (tiempo de luz)?

Reconocemos que este tiempo nos está desafiando profundamente. Es un tiempo de cambios importantes, tanto colectivos como personales. Cuando hablamos del Warmi Pachakuti, hablamos de un tiempo femenino, de transformación profunda, de un cambio de era que se viene gestando desde el 2012, y que nos plantea enormes retos a todas las mujeres del planeta.

Retos individuales, personales, espirituales. Retos que nos exigen perseverancia para hacer cambios profundos, porque la transformación de la sociedad y del planeta no está en manos de políticos, economistas o científicos, sino en nuestras manos, en las de quienes estamos caminando esta tierra con conciencia, desde el corazón, desde lo femenino.

Sostener el fuego en la oscuridad

Amawta Fernando, nuestro maestro, nos recuerda que estamos saliendo del Ch’amaj Pacha, (Tiempo de Oscuridad) para entrar en el Hanaj Pacha (el tiempo de la Luz). Y aunque esto es muy esperanzador, a veces se contradice con lo que hemos vivido estos últimos años, tanto a nivel personal como a nivel colectivo. (pandemia incluida)

Y con lo que seguimos viviendo el caos generalizado, las crisis económicas, la amenaza de las guerras, la inflación, los desórdenes en la salud, la escasez de alimentos, las sequías, inundaciones e incendios de territorios sagrados, la deforestación de los pulmones de la Pachamama, la guerra, la violencia desmedida y un largo etc. muy confrontativo que a muchas personas puede llevar a desisitr incluso de seguir viviendo.

Yo también, me he cuestionado muchas veces, ¿Por qué tanta oscuridad, cuando se supone que estamos en un tiempo de luz? y la respuesta me llego hace unos años atrás, cuando encedí mi velita en plena montaña oscura, cuando encendemos nuestra luz, recién se ve el camino, cuando encendemos la luz de la consciencia recién nos podemos percatar de lo que está sucediendo alrededor.

Porque todo esto que vemos, no es nuevo, ha estado ahí, pero ahora es cuando «nos damos cuenta», ahora es cuando podemos verlo, porque la luz de nuestra consciencia esta prendida.

En esta hermosa charla lo comento de forma muy bella Awicha Awilulu cuando dijo: «este camino es ser luz en la oscuridad«, y así es para mi como mujer amawtica, vivir en este tiempo es activar un compromiso muy fuerte con poner luz en la oscuridad, primero en la mía, en mi propia sombra, en mi propio infierno, en mi propio pasado. Y luego con esa lucesita encendida poder acompañar humildemente a quienes se acercan un poquito. Como dijo Awicha «somos una velita en la oscuridad».

Somos un mar de fueguitos

Hay un bellísimo poema de Galeano, que me tocó el alma y me conecta con ese mi deseo profundo de levantar la luz de nuestras consciencias, de nuestros corazones para iluminar todos los caminos de la Pachamama. para llevar luz allí donde estemos…

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
Y a la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado, desde allá arriba,
la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso reveló.
Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento,
y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman;
pero otros, otros arden la vida con tantas ganas
que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca, se enciende.

Eduardo Galeano (El libro de los abrazos)

Es una imagen poderosa. ¿La puedes vislumbrar? ¿Cómo viviría la humanidad si encendiéramos ese fuego interno que todas y todos llevamos? sin duda habría esperanza.

¿Y cómo encender mi fuego?

¿Cómo encendemos nuestra luz? Nuestra velita o fueguito interno. Pues no sé, en mi experiencia lo que me ha llevado a encender mi fuego, es el amor. El amor por la Pachamama, por la vida, por mi misma. El comprender que no estoy en la Tierra obligada a estar, sino por elección.

Hace muchos años, también yo andaba en las sombras, tenia los ojos vendados, estaba llena de heridas y solo podía herir a quienes se acercaban a mi. Creía que vivir en la tierra era horrible, que nacer había sido una equivocación de mis padres, que la culpa de todo la tenian ellos.

Qué equivocada estaba, con los años y con la guía de mi maestro (que me ayudó a encender mi fueguito) pude comprender que no era así, encender mi fuego, fue tomar consciencia de que la responsabilidad de estar viva, es solo mía. De que estar en la Tierra, aquí en este sagrado planeta es mi elección.

Fue super duro comprenderlo al inicio, pero esa verdad caló hasta muy hondo y me abrió los ojos, me permitió salir de mi propia ignorancia espiritual, y comprender que yo soy más que estos personajes que he venido a interpretar. Que soy única, que tengo propósito y que he elegido venir por voluntad propia.

Creo que tomar consciencia de esto, es tan potente como encender un FUEGO SAGRADO, que ilumina de golpe muchas de tus oscuridades y tus sombras.

Iluminar mis sombras sin miedo.. con amor.

Hace años, veía espíritus y seres oscuros, les tenia tanto miedo. Un día Amawta Fernando, mi maestro me dijo, no les temas, no tengas miedo, solo son seres perdidos que han olvidado el amor de Dios. Que poderoso mensaje, y que desafío.

Fue así como decidí vivir mi vida, mirando mis sombras con amor. Mirar todo aquello que no me gustaba de mi misma y que lo reflejaba en ese maravilloso espejo que es el otro. Mis carencias, mis heridas, mi ego, mi orgullo, mi necesidad de control, mi resentimiento, mi envidia, mi comparación, mi competencia y un largo étc.

Comprendí que mi sombra ser proyecta cada día desde que sale el sol, así es la luz, no hay sombra que pueda escaparse de ella! así que siempre estamos viendo y muchas veces (la mayoría) la vemos reflejada en los demás, en nuestros espejos.

De ahí que sea tan importante aplicar el amor para mirarnos, para ver esas sombras que caminan con nosotros, esas sombras que pueden presentarse incluso en la persona que más amamos, en nuestra familia, en nuestras parejas, en nuestra propia tribu.

De ahí que sea tan importante la consciencia, el no tomarnos las cosas de forma personal, que tengamos la humildad para ver porqué nos duele tanto el otro, porque nos enfada, nos enoja, porque nos moviliza?, desde un niño o una mascota, desde el clima, todo nos puede mostrar nuestra sombra.

Si vamos a la Pachamama, lo verás como lo vimos muchas mujeres en los retiros… el frío, el calor, el hambre, nos pueden sacar nuestras sombras más escondidas y mostrarnos aquello que necesita de nuestro amor y nuestra comprensión, porque al final… detrás de esas sombras estan nuestras heridas. muchas veces las heridas de nuestra infancia.

Un hermano, alguna vez me dijo, limpia mamita, todo tu espejo para que los demás puedan ver en ti su luz, no su sombra y ahí creo que está el desafío que nos traía Awicha Awilulu:

«Si no me animo a mirar mis sombras, no podré desplegar mi luz».

Para sostener y desplegar nuestra luz, necesitamos mirar sin miedo nuestra sombra, la que vemos en nosotros, pero especialmente la que vemos en los demás (ahí esta lo más difícil). Saber amar y saber perdonar, con la humildad que nos enseña la Pachamama.

En fin, gracias por este ratito de lectura y compartir conmigo estas reflexiones. Te invito a ver toda la ponencia completa de este maravilloso encuentro… mientras yo sigo profundizando en cada perla que ha dejado el camino.

Pero antes de irme… cuéntame ¿Qué sombra estás lista para mirar?

Te leo!

Con amor,

Warawara – Neila Marquina

Desafíos en el tiempo del Warmi Pachakuti 

-Encuentro On-line del 6 de septiembre, 2020

Soy Warawara, mujer amawtica y me honra profundamente compartir este espacio con tres hermanas sabias y luminosas.

Nos acompaña Mamita Awilulu, María Constanza, sacerdotisa mayor y guardiana de la huaca de Santa Catalina en Lima, quien sostiene la medicina del círculo de Luna Nueva.

Desde Cochabamba, Bolivia, está Eliana Cocío Coca, Munay Paqari docente y maestra en Antropología, cuya visión académica y espiritual enriquece nuestro caminar compartido.

Desde Colombia, nuestra hermana Amaia, Andrea Carolina Torres, tejedora de vida a través de la Fundación Amabui, el círculo Alas del Alma y el proyecto Warmi, dedicado a la sanación de la matriz y la memoria corporal femenina.

Ellas caminan conmigo en este ciclo impulsado por la Escuela Amawtica de Choquepajcha de Tiwanaku.

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