Sobre la memoria Ancestral

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Mujer, ancestros, arte por Ellen Uytewaal

Nuestros ancestros son las raíces de
ese enorme árbol vivo al que pertenecemos,
a la vez que son la fuente de sabiduría
de donde nosotras nos alimentamos.” (Warawara)

 

A lo largo de estos años de trabajar con mujeres increíbles, me di cuenta que una de las “creencias” que arrastramos, es la idea de estar “desconectadas de nuestra estirpe”, es más bien como una sensación de no pertenencia a nuestra tribu de mujeres, que se observa a partir del “no saber nada o casi nada” sobre las vivencias de las mujeres que conforman nuestro linaje.  Y esta sensación, muchas veces va acompañada del pensamiento de ser las únicas que estamos viviendo (sufriendo) determinadas situaciones.

Hoy en día, gracias no sólo a la psicología y la psicogenealogía, sino al trabajo que están realizando innumerables mujeres a través de los círculos femeninos, esta creencia está siendo liberada. Poco a poco estamos recuperando esa “conexión con nuestro linaje femenino”, y empezamos a comprender nuestra propia vida como parte de una línea de vidas que se suceden, una tras otra con experiencias muchas veces similares.

Propuestas como la psicogenealogía de Anne Ancelin Schutzenberger, el genograma de John Bradshaw o las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger, y muchos otros, han ido dando respuestas creativas a los círculos de mujeres que sienten la importante necesidad de conectarse con sus ancestras y sanar las heridas a través de sus propias experiencias.

En la sabiduría de los Andes, el Amawtismo, por otra parte,  la relación que tenemos con nuestros ancestros va más allá de los estudios e investigaciones sobre nuestro pasado, es más bien una relación constante, presente, viva que nos afecta continuamente. Dicen los amawtas, que si no somos capaces de re-conectar con nuestro linaje ancestral, iremos por la vida como “perdidos”, buscando un lugar/hogar de pertenencia, sin encontrarlo.

Alguna vez, conversando con Amawta, me dijo “…que llegaría un momento en que las mujeres deberíamos reescribir la historia de la humanidad, pues la historia de la humanidad es femenina, está en la mujer”.

Y no es casualidad que justamente sea una mujer quien ha puesto luz sobre este tema: Rebeca Cann y su equipo, en los años 80,  investigaron sobre la influencia que tienen las mitocondrias en nuestra herencia genética, y el resultado en resumen es que “esta humanidad actual, está hermanada a partir de un mismo origen, de una sola mujer de quien hemos recibido esta mutación mitocondrial que nos permite estar aquí, que ha denominado la “Eva mitocondrial”. 
Hemos encarnado en la vida a partir de una Matriz[1], ese espacio sagrado que da origen a la vida, somos originales a partir del mismo momento en que hemos sido concebidos. Y tenemos en nosotros información que viene de toda nuestra línea genética desde el origen[2]. Es muy importante profundizar sobre lo que esto significa para nosotras como mujeres en este tiempo.

¿Es posible entonces que la historia de la humanidad sea femenina?.

Yo creo que sí, a lo largo de estos años, en mi misma, en las terapias femeninas, en los círculos de mujeres, este tema ha salido a la luz muchas veces. Nos hemos dado cuenta que “hay algo” que solo se transmite de mujer a mujer. Que somos nosotras quienes estamos sosteniendo una historia que se va hilando desde el origen de la vida misma a través de las memorias de nuestra matriz.

En la sabiduría Amawtica, nos dicen nuestros maestros, que los ancestros forman parte no solo de nuestra familia parental, sino que nosotros formamos parte de su “ajayu” [3] (del espíritu que da vida),  que a su vez es parte de los Seres Tutelares de los lugares sagrados, que han criado la vida, de esa manera estamos también emparentadas con las montañas, con los ríos, con los árboles, con las piedras con la misma Pachamama que es la madre de todo lo que existe.

Esta concepción no occidental, ayuda a comprender la importancia que tiene el que sanemos en nosotras los patrones ancestrales negativos, las creencias, los pactos, los contratos, pues somos parte de la vida (del ajayu – del espíritu) de todas nuestras ancestras y ancestros.

Teniendo en cuenta que no siempre, lo que hemos heredado de ellas, es luz, sabiduría y amor… sino también, todas sus vivencias, dolor, emociones, duelos, abortos, heridas, humillaciones, violaciones, heridas,oscuridad etc., etc., que perviven en nosotros.

En conversaciones con Amawta Fernando Ergueta, el nos cuenta que muchos de nuestros actos inconscientes, lo son porque hemos olvidado esta relación ancestral: “…no nos damos cuenta de cuáles de nuestros actos son patrones, creencias o contratos y cuáles son acciones auténticamente nuestras”.

A modo de ejemplo, nos explica, que en una oportunidad, hablando del momento en que los niños empiezan a mentir sin tener estímulos cercanos,  que un niño realmente no se da cuenta cuando está mintiendo, ni del porqué lo hace, sino que este es un patrón ancestral que se activa, y que él repite, sin tener consciencia, y para comprenderlo tenemos que ver a sus padres, a sus abuelos, a su linaje ancestral, y esperar a que crezca y pueda comprender de dónde viene su “patrón”, para recién poder liberarse.

No obstante, también recibimos dones, en otra oportunidad me explicó que también necesitamos activar los patrones ancestrales positivos (femeninos y-o masculinos) que constituyen esas “cualidades”  o dones que han tenido nuestros ancestros: sanadoras, artísticas, creativas, etc., Por lo que no es casual, que de una familia de mujeres medicina, nazca otra mujer medicina o un hombre de sabiduría.

Incluso, me atrevo a decir, que esa sensación interna, esa búsqueda de conexión con la mujer salvaje, es la conexión con esa Ancestra Primigenia, prehistórica, que se ha manifestado a lo largo de muchas vidas y que ha sabido parir hijos en plena naturaleza, aprender a convivir con los elementos naturales, en cuevas, en nieve, con el fuego, la que corría desnuda por los bosques y disfrutaba de experimentar su sexualidad, aquella mujer que a partir de su propia capacidad de crear hijos, tenía también esa profunda relación con la Madre Tierra, la que crea vida y que a pesar de todo lo que le haya sucedido, siempre se ha vuelto a poner en pie.

Todas sabemos que esa mujer habita en nuestro interior, es parte un “modelo”, un molde, un arquetipo femenino[4]  que está reclamando su reconocimiento, su lugar en nuestro día a día.

Sí, hermanitas, todo esto constituye nuestra memoria ancestral, nuestro linaje, nuestra estirpe femenina y aún nos falta profundizar, hablar sobre ello y llevarlo a nuestra consciencia cotidiana.

En esta lunita nueva de noviembre, te invito a compartir tus sentires, tus pensares sobre este tema y comentar aquí en el blog tu palabra y tu experiencia.

Que la pachamamita siga iluminando nuestro caminar.

Jallalla!!!

Warawara · Neila Marquina
Wilumi sacerdotisa de la Pachamama, la luna y el Sol.

 


[1] Matriz, entiéndase no sólo como el órgano reproductor femenino, sino en su sentido más amplio, Que es el principio u origen de otra u otras… (RAE: http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=matriz)

[2] ADN nucléico y ADN mitocondrial (ADN, es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos y algunos virus, también es responsable de la transmisión hereditaria.) https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81cido_desoxirribonucleico

[3] “Descolonización Aymara: Ritualidad y política” (2006-2010) Anders Burman – Plural Editores – Año 2011 

[4] El arquetipo de la Mujer Salvaje fue acuñado por la psicoanalista Jungiana Clarisa Pinkola Estés en su extraordinario libro Mujeres que corren con lobos (1992). Representa lo intuitivo, lo sexual, lo cíclico, las diferentes etapas de la mujer, su sabiduría, su fuego creador. El arquetipo de la Mujer Salvaje personifica la fuerza que sostiene a las mujeres, la naturaleza sabia, inteligente, visceral. Una fuerza que engendra todas las facetas importantes de la feminidad. “Salvaje” significa vivir una existencia natural, con una integridad innata y unos límites saludables.

One response to “Sobre la memoria Ancestral

  1. Siento que venimos de un gran linaje de mujeres que han sido el cobijo de todas nosotras, las empiezo a reconocer desde que tu, Neila, me hablaste de ellas despertándome de un largo sueño. Podemos darles voz respetándonos a nosotras, permitiéndonos ser y a la vez potenciando nuestro yo más sutil. En esta luna de noviembre siento frío en la piel pero siento más calor en mi corazón al sentirme acompañada por todo este séquito de mujeres que nos hemos levantado para unirnos y juntas ser lo que muchas veces no nos hemos atrevido ser.

    Os abrazo fuerte,

    Alba

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