Aprender a Desaprender

Desde pequeños hemos aprendido que cuando hacemos las cosas como los demás esperan de nosotros, siempre caeremos bien. Cada vez que hacíamos lo que los adultos  querían éramos premiados con aplausos, mimos, palabras cariñosas, un ¡qué bueno que eres!,etc., De igual manera hemos aprendido que hacer lo contrario, a las expectativas de los demás, nos convertía en “malos chicos”.

De pequeños, íbamos a lugares que no queríamos ir, estábamos con personas que no queríamos estar, en situaciones que no nos gustaban, decíamos cosas que no queríamos decir. Incluso a veces, comíamos y nos vestíamos de cierta manera solo para complacer a quienes estaban a cargo de nosotros.

Durante nuestros primeros años y en realidad hasta que entramos en la época de la “rebeldía”, tuvimos un refuerzo positivo constante, para no saber qué era lo que realmente queríamos, sino para complacer a los demás y ser “buenos chicos”.

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